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Terra
La Coctelera

Categoría: Libros

Francisco Nixon sobre Sergio Algora

En algún sitio he pinchado que he llegado hasta Eñe, revista para leer, donde estaba un siguiente texto del que hago un extracto:

Yo sentía cierta curiosidad por conocer a Sergio. Él era el cantante de El Niño Gusano, un grupo con el que compartíamos discográfica (rca) y que era de los pocos grupos que en la década de los noventa escribía buenas letras en castellano. La prensa y el público siempre calificaban su forma de escribir como surrealista, algo que a Sergio no le gustaba nada. Sergio siempre se defendía diciendo que sus letras no eran surrealistas, sino que él describía las cosas como las veía. Y que si, por ejemplo, hablaba de «chicas como árboles frutales con bikinis», no pretendía crear metáforas incomprensibles dejadas a la libre interpretación, sino que estaba siendo todo lo preciso que era capaz.

Seguir leyendo: Champán para todos

Por cierto, este viernes Francisco Nixon + The New Raemon + Pigmy en El Sol

Historias de Nueva York - Enric González - El último libro que he regalado

El último libro que he regalado es Historias de Nueva York, de Enric González. Este no lo he leído, pero si su primo hermano: Historias de Londres. Que me encantó: después de leerlo te dan ganas de marcharte para allá. De hecho, Londres no me gusta mucho, pero después de leer este libro me gustó más.

En Nueva York si he estado y no hacía falta que me leyese ningún libro para que me gustase.

Historias de Londres también me lo regalaron, y de hecho el regalo debería haber sido las de Nueva York, pero no estaba en la libreria.

Todo a punto

Tengo ya preparadas las respuestas para las entrevistas periodísticas que me harán en la prensa, radio y tele. Querrán saber qué opino y cómo soy. Me mostraré ingenioso y espontáneo.

Tengo ya preparadas unas listas de personalidades importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos, de las dedicatorias.

Tengo ya preparadas las metáforas que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. Saldrán como galaxias de las páginas.

Y tengo preparada mi postura al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca.

Todo está preparado. Todo a punto. Puedo empezar, pues, a escribir mi libro.

Jose María Fonollosa

Roberto Bolaño

El otro día comencé a leer mi primer libro de Roberto Bolaño: Los detectives salvajes. Lo estoy disfrutando y apenas llevo 100 páginas. Lo liquidaré rápido. El DF que me sugiere su lectura es totalmente diferente al que me imaginaba (sin ningún fundamento, por otra parte).

Sobre las citas

Los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que le vienen a uno a la pluma cuando se empeña en esa vulgaridad suprema de "no deberle nada a nadie". Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo.

Enrique Vila-Matas - Dietario voluble

La cocina de Picadillo

Mi abuela tiene una memoria absolutamente prodigiosa. Y no es porque sea mi abuela. Te cita anécdotas cotidianas de hace 70 años como si hubiesen ocurrido antes de ayer. Una de las cosas que no se le borra de la cabeza es una cancioncilla que empieza así...

- Dime ti miña marica, ¿cómo se fai este guiso?
- Pra facelo miña xoya, poca cousa che precisa...

Esto no es otra cosa que una "receta" incluida en un singular libro de cocina: La cocina práctica, de Manuel María Puga y Parga, también conocido como Picadillo. Mi abuela conserva en su casa una edición de 1913 de este libro, editado por primera vez en 1905.

El libro, además de recetas que hoy en día estarían prohibidas por la autoridad sanitaria (calculo que de media todas las recetas incluyen una media de 3 huevos y medio... por persona), contiene una serie de desvarios de Picadillo bastante considerables. Es simplemente genial.

Justo el día que me propongo investigar en Internet sobre este personaje, me cruzo en Twitter con que Ronsel ha traducido al castellano (desde el gallego) la página sobre Manuel María en la Wikipedia.

Mi abuela siempre cuenta que Picadillo, debido a su peso y volumen ("en 1882 era yo un señor que tenía 8 años de edad y unos 75 kilos de peso[2]") tenía un abono en el teatro... de dos butacas.

A ver si me hago con su biografía.

Más información en Historia de la cocina

Rosenblum, 1580

El plan de Atrás hacia la felicidad era el siguiente: devolver el mundo a 1580. Abolir el carbón, las máquinas, los motores, la luz eléctrica, el maíz, el petróleo, el cinematógrafo, las carreteras asfaltadas, los periódicos, los Estados Unidos, los aviones, el voto, el gas, los papagayos, las motocicletas, los Derechos del Hombre, los tomates, los buques de vapor, la industria siderúrgica, la industria farmaceútica, Newton y la gravitación, los pavos, la cirugía, los trenes, el aluminio, los museos, las anilinas, el celuloide, Bélgica, la dinamita, los fines de semana, la enseñanza obligatoria, los puentes de hierro, el tranvía, lartillería ligera, los desinfectantes, el ácido bórico, el café.

Enrique Vila-Matas, en Dietario Voluble, refiriéndose a la utopía de Rosenblum

Sobre el peligro de regalar libros

A veces regalar tiene algo que nos pone al borde del abismo, nos complica la vida hasta extremos que jamás habíamos sospechado. Es peligroso regalar. El gesto es desde luego la manifestación de un elegante arte, pero no conviene que olvidemos que tiene su lado salvaje. Como todos perfectamente sabemos, no podemos regalar nada que nos guste mucho, pues si casualmente llegamos a encontrar algo maravilloso, el impulso natural nos conduce a quedárnoslo, nos lo apropiamos, no llega nunca a la persona a la que pensábamos obsequiar (...)

Es complicado regalar un libro porque muchas personas se fijan sólo en el título de la novela que les ofreces y creen que contiene un mensaje velado para ellos, y algunos acaban incluso sintiéndose aludidos. Me ha ocurrido varias veces. El día, por ejemplo, en que regalé En busca del tiempo perdido a un amigo que creyó que trataba de indicarle que había hecho siempre el imbécil, que toda su vida había estado perdiendo el tiempo.

Enrique Vila-Matas - Dietario voluble