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La Coctelera

Categoría: Diario

Hamlet, Matadero, Naves del Español, Blanca Portillo

Ayer estuvimos viendo el Hamlet que han montado en las Naves del Español del nuevo Matadero, con Blanca Portillo a la cabeza.

El Matadero es impresionante. Es precioso y espectacular lo que han montado (y eso que apenas lo he explorado, y que todavía quedan partes por "implementar"). Las Naves del Español, el espacio dedicado para teatro, también es impresionante, pero ha dejado de ser un teatro, y con ello se ha perdido una de la señas de identidad  del mismo: el sonido.

Las Naves del Español no es una sala de teatro clásica: como su nombre bien dice son unas naves que permiten una libertad casi absoluta de configuraciones a la hora de realizar montajes. Pero tanta libertad lleva implícito que el componente acústico de una sala tradicional se esfuma, y todo tiene que ser amplificado.

Resultado: una sonorización absolutamente plana. Parece que los actores están haciendo playback. Es una sensación que desluce el resto del espectáculo.

Volviendo a Hamlet: la primera parte me gusto mucho por su final; en el intermedio no pude descansar nada (guiño *); y una segunda parte y final sin sorpresas, lo que no iba acorde con las expectativas generadas previamente.

Lo disfruté bastante.

* Medio spoiler (pero esta es una entrada clasificada en "diario", o sea, que me la guardo para mi posteridad): el espectáculo muy chulo, pero no se si tenía que encajar con el resto.

Martes 30 de diciembre de 2008

Todavía era de noche cuando he salido de casa, no hacía frío y me he cruzado con un señor de unos 40 años, muy elegante, que se tambaleaba elegantemente con un vaso ancho, vacío, en la mano.

Un montón de taxis en la parada y una señora con pinta de señora normal, que cada 20 metros se paraba y arrojaba imaginariamente algún objeto también imaginario arqueando su brazo derecho y luego seguía andando como una señora normal.

En el Metro casi todo el mundo leyendo, menos uno que apestaba a tabaco como si acabase de salir de algún garito madrileño. Me moví de sitio.

Llegando a la oficina, resulta que ese edificio grande que habían vaciado por dentro y estaba reformando, está casi listo: "Alquiler de trasteros". Uno pensaba que semejante edificio lo destinarían a oficinas, o a centro comercial, o a taller de coches. Pero acaba siendo un trastero.

El mensaje es claro, sin duda: Apartad de vuestra vista todos los objetos generados en la orgía consumidora de los últimos años para que no os entren remordimientos en estos tiempos de crisis.

Buenos días.