Ayer estuvimos viendo el Hamlet que han montado en las Naves del Español del nuevo Matadero, con Blanca Portillo a la cabeza.
El Matadero es impresionante. Es precioso y espectacular lo que han montado (y eso que apenas lo he explorado, y que todavía quedan partes por "implementar"). Las Naves del Español, el espacio dedicado para teatro, también es impresionante, pero ha dejado de ser un teatro, y con ello se ha perdido una de la señas de identidad del mismo: el sonido.
Las Naves del Español no es una sala de teatro clásica: como su nombre bien dice son unas naves que permiten una libertad casi absoluta de configuraciones a la hora de realizar montajes. Pero tanta libertad lleva implícito que el componente acústico de una sala tradicional se esfuma, y todo tiene que ser amplificado.
Resultado: una sonorización absolutamente plana. Parece que los actores están haciendo playback. Es una sensación que desluce el resto del espectáculo.
Volviendo a Hamlet: la primera parte me gusto mucho por su final; en el intermedio no pude descansar nada (guiño *); y una segunda parte y final sin sorpresas, lo que no iba acorde con las expectativas generadas previamente.
Lo disfruté bastante.
* Medio spoiler (pero esta es una entrada clasificada en "diario", o sea, que me la guardo para mi posteridad): el espectáculo muy chulo, pero no se si tenía que encajar con el resto.
