Hace un par de semanas El País publicaba un reportaje en su dominical contando las historias de 100 españoles frente a la crisis. La selección trataba de reflejar la sociedad en sus diferentes perfiles: desde el presidente del gobierno hasta un repartidor de Butano o una secretaria.

Una de las personas retratadas era la señora que me sirve la carne casi todos los fines de semana en un puesto del Mercado de La Latina. Hoy le he preguntado que por qué salía tan seria en la foto, con lo sonriente que siempre está ella (transmite buen rollo, y esa es la razón por la que repito en su puesto).

"No me dejaron. El reportaje era para hablar de la crisis y me obligaron a salir con cara de circunstancias", ha sido su respuesta.

Puede parecer una tonteria pero para mí es bastante significativo.

¿Por qué toda España tiene que quedarse con la sensación de que esta señora está amargada por la crisis cuando eso no tiene nada que ver con la realidad?

¿Es un desliz, o una señal más de que las historias que nos cuentan están más cercanas a la ficción que a la realidad? ¿Quién quiere este periodismo?