Una de las razones más simples pero al mismo tiempo poderosas que puedas encontrar para visitar Cuenca es un sencillo alimento: el morteruelo.

Fuera de Cuenca yo solo lo he encontrado un día en un bar de Lavapiés, pero otro par de veces que volví tras los pasos del morteruelo, no había ni rastro de él. Un halo de misterio rodea su búsqueda: incluso los camareros, cuando les preguntabas por el morteruelo te miraban con cara rara, como pensando, "nunca hemos tenido ese plato". Pero era mentira, y ambos lo sabíamos... ¿por qué ocultaban ese manjar? Alguien nos engaña...

Volviendo al morteruelo en si mismo himself, se trata de una especie de paté hecho a partir de carnes de caza, cuyo sabor puede sugerir unas buenas cocretas de jamón. Borrad esto. Hay que probarlo.

En A Cocinar tenéis la receta; pero supongo que lo suyo es ir a algún bar a tomarlo.

Yo, que soy un tipo con suerte a la par que insistente, he conseguido que uno de mis agentes secretos me traiga desde la mismísima Cuenca un paquetito de morteruelo, envasado por www.deliciasdeeladio.es.

Así que ya sabéis, tenéis a unos pocos clicks de distancia un placer culinario único. Si no podéis hacer click, marchad a Cuenca donde sin duda disfrutaréis de este manjar en toda su grandeza.

Y por si faltasen razones, os dejo esta sintonia que más de uno tendrá tatuada a fuego en su córtex cerebral: