Todavía era de noche cuando he salido de casa, no hacía frío y me he cruzado con un señor de unos 40 años, muy elegante, que se tambaleaba elegantemente con un vaso ancho, vacío, en la mano.

Un montón de taxis en la parada y una señora con pinta de señora normal, que cada 20 metros se paraba y arrojaba imaginariamente algún objeto también imaginario arqueando su brazo derecho y luego seguía andando como una señora normal.

En el Metro casi todo el mundo leyendo, menos uno que apestaba a tabaco como si acabase de salir de algún garito madrileño. Me moví de sitio.

Llegando a la oficina, resulta que ese edificio grande que habían vaciado por dentro y estaba reformando, está casi listo: "Alquiler de trasteros". Uno pensaba que semejante edificio lo destinarían a oficinas, o a centro comercial, o a taller de coches. Pero acaba siendo un trastero.

El mensaje es claro, sin duda: Apartad de vuestra vista todos los objetos generados en la orgía consumidora de los últimos años para que no os entren remordimientos en estos tiempos de crisis.

Buenos días.